Habitación 203

Se enciende la luz. Sobre la cama de una habitación de hotel vemos una pila con dos maletas intactas y un bolso. ISABEL(87) maquillada, con atuendos elegantes y tacones; apoya su oreja en la puerta del baño. La habitación se complementa de una cama y un escritorio.

(Escuchamos: La llave de la ducha se abre y deja caer agua)

ISABEL:

¿Qué?

No… (frustrada)

¡Ya no sé qué hacer contigo!

Es que tú no te das cuenta (Mira a la puerta)

…Nunca te has dado cuenta.

Reacciona hija, reacciona. Que cuando ya no esté yo… (gesto de incredulidad) …anda tú a saber cómo te va en la vida.

Ya han pasado los años y todo ha sido decepción. En lo único que fuiste buena: fue en hacerme creer que encontrarías algo para hacer.

Por dios hija, ¡Qué será de ti!

No tienes trabajo, profesión ni oficio.

ISABEL enojada da un lento paseo por la habitación. Evalúa cada objeto, inspecciona con su dedo y busca polvo.

Piensa un segundo y mira la puerta del baño.

ISABEL:

¿Cuántos años tienes? …Ya no lo recuerdo.

Es que nunca dejaste de ser una niña.

Cada semana te buscabas algo para entretenerte.

(Imitando ridículamente)

«Mamá, quiero ser una bailarina»

«Mamá, quiero viajar por el mundo»

«Mamá, tengamos un perro»

                        (Molesta mira la puerta del baño)

¡Por Dios mujer! ¿Qué has creído que soy? ¿No te das cuenta de que tengo problemas de espalda? ¿Cómo me dejas cuidando uno de esos perros enanos?

(Deja de mirar la puerta y usa su mano de preferencia para un gesto de impotencia)

!Ese pobre animal que preferiste dejar abandonado!

                            IRENE tararea desde el baño alguna melodía irreconocible.

                            ISABEL Mira la puerta.

                              (Silencio)

Tú crees que yo no me entero. Pero a mí, nada se me escapa.

Me estás llevando a la residencia esa.

Te estás deshaciendo de mí.

Se aproxima a la puerta mirándola.

Pues estás muy mal.

Yo no necesito de ti.

Yo puedo hacerlo todo por mi cuenta.

Ni tú, ni ninguna residencia me dirán qué hacer con mi vida.

Yo puedo sola, tú solo estás para complicar las cosas.

Sal pronto de ese baño, que me voy a la estación y tomo el primer tren a casa.

(Pausa breve)

¡Abre la puerta!

Te estoy hablando en serio.

 (amenazando) ¡Que me voy!

(Furiosa por impotencia) ¡I…!

(Golpea la puerta con enojo)

¡Sal de allí!

(Alza su voz)

¡Sal!

(Silencio)

ISABEL se aleja de la puerta y con pesar se dirige a la cama. Se sienta.

ISABEL:

…que lo único que quiero es peinarme.

(Pausa breve)

Mira la pila de maletas en la cama, esto la entristece y mira al piso.

Solo peinarme…

Se toma la cabeza con su mano derecha. Se sujeta con delicadeza el cabello. Se despeina.

Quiero mi peine y sentirlo deslizándose por mi pelo.

Se suelta el cabello.

¡Hay que estar presentable! Eso siempre.

Aunque se esté de viaje…

Hay que andar con buena pinta.

ISABEL se acomoda la ropa y examina su apariencia como si tuviera un espejo frente a ella.

Dar una buena impresión.

Para. Mira a la puerta.

Bueno a ti no te importa nada.

Comienza a caminar por la habitación.

Es que solo a ti se te ocurre un viaje así.

¡Qué pesada eres mujer!

Como acompañante eres la peor, y como guía… mucho peor.

Si pasamos la tarde perdidas, fue por culpa tuya. Yo ya no estoy para esos jaleos.

ISABEl camina de un lado de la habitación al otro.

(Imitando)

«Que es por aquí, no que es por allá, …mamá mejor descansa, mamá mejor duerme…

¿que duerma?»

(Muy enojada)

…¡Eso nunca va a ser dormir!

(Pausa breve)

No si te tengo pegada a mi. Ahí encima mío, todo el tiempo. A donde mire, estás tú y esa cara tuya de… Es que me sigues hasta al baño, dónde se ha visto esto. Por Dios, que cada vez estamos peor. No me lo creo.

Y yo sí me cansó eh… y soy capaz de cualquier cosa: (se toma un segundo para pensar) Madre mata a su hija por pesada.

 (Silencio)

ISABEL se levanta de la cama y mira un cuadro que está sobre esta, con un dedo lo inclina para dejarlo, en su percepción, más recto. Se dirige nuevamente a la puerta.

Deja que te cuente una historia para que te hagas una idea de a quién estás mandando al «asilo»

Lleva sus brazos a su espalda y se sujeta las manos. Camina por la habitación.

Cuando llegué a la ciudad, nadie bailaba.

No sé si era porque no sabían o por vergüenza… qué se yo.

No se bailaba. No como lo hacíamos en el pueblo.

…un día mientras estábamos en la plaza, paso la banda tocando, era una fiesta, no recuerdo cuál, pero… ¡nadie bailaba! No me lo creía. La música allí y la gente sin moverse.

Habían trompetas y tambores. Hacía un día lindo. Los balcones estaban llenos de flores, el sol brillaba y había una brisa deliciosa.

La banda se detuvo junto a la fuente, entonces yo me levanté y comencé a bailar. Frente a todos. No me importó nada.

(Escuchamos: una canción de banda)

ISABEL da unos balanceos de baile y usa sus manos al compás del ritmo. Se detiene y sonríe.

Así conocí a tu padre.

                         Detiene su baile por un instante.

(Con lástima) El pobre nunca supo bailar.

                        Vuelve a bailar.

Así que yo bailaba sola.

Las personas me miraban como loca… pero al final siempre salían a bailar.

En parejas claro.

A la única que no le importaba bailar sola era a mí.

Baila con más emoción y da un giro.

…bailamos y la gente cantaba. ¡Qué maravilla!

(Escuchamos: El volumen de la música sube. Luego unos relámpagos caen . La caída de lluvia se deja escuchar en la ventana)

ISABEL sigue bailando sin dar importancia. La música se combina con los destellos ocasionados por los relámpagos. ISABEL se emociona bailando.

Un fuerte relámpago cae y ocasiona un apagón. Se para la música. Deja de bailar.

IRENE:

              ¡Mamá!

¡Estás bien!

¡Ahora salgo!

ISABEL se dirige a la cama. Se recuesta y acomoda su cabeza en la almohada.

(Silencio)

ISABEL:

¿Te conté que he vuelto a soñar con cenizas?

Me está pasando mucho esto eh. Pero es reciente, de estos últimos meses.

Yo ya no soñaba para nada. Hace unos 30 años que se me había olvidado eso de andar soñando cosas.

Se levanta de la cama y se queda sentada en ella.

No es que me importe mucho, pero la primera vez fue muy real… y aquella vez me desperté en la cama de un hospital. Tú estabas ahí.

Se levanta y camina

Yo no recuerdo nada. Solo me sentí cansada y con mucho sueño. Luego todo era gris y…  horrible.

Cuando desperté estaba en una camas angostas… rodeada de aparatos

…y ruidos.

Lo único que pensaba en ese momento era en la ropa que había quedado en la lavadora. Tus calcetines estaban todos sucios y había que lavarlos.

La luz regresa a la normalidad. La silla de ruedas aparece cambiada de posición. ISABEL mira la puerta del baño

Y luego… vienes tú y apareces con un novio.

(Exaltada)

¡De ahí! ¡Del hospital!

(Se señala el pecho) …y lo conociste gracias a mí.

Yo enferma y tú coqueteando con todo el hospital.

Es que acaso no te importa nada.

Tremendo descaro tuyo.

Siempre has sabido ser una aprovechadora.

De mi, de todos.

Mira a la puerta del baño con reacción de haber descubierto algo.

Y ahora quieres librarte de mi, así, como si nada. Te quedas con mi piso y te olvidas de todo lo que he hecho por ti.

¡Falsa!

Todo lo que haces es un mentira. Yo no te importo. Debería de darte vergüenza. Lo tienes todo planeado.

Y ahora tú y ese enfermero.

(Desaprueba)…Cuanta bajeza.

Pero yo no te lo voy a permitir. Olvídate de esa residencia, a mi no me vas a llevar a ningún lugar.

ISABEL da la espalda a la puerta. Sonríe.

…Y acaso crees que eres la única que puede tener un novio.

Yo también me he conseguido un hombre.

Vuelve a mirar la puerta.

Sí, escúchalo bien.

Conocí a alguien. Un hombre muy elegante y respetuoso.

Isabel camina mirando al techo.

Fue en la fila del mercado.

Qué hombre tan majo y como olía de bien.

Sonríe.

Conversamos por horas y me sentí muy a gusto.

Prometió llamarme.

…y debe de estar llamándome.

Mira a la puerta.

Pero como a alguien se le ocurrió sacarme de casa, para hacer un viaje ridículo y llevarme a un…

A un…

Mira al público.

¿Asilo?

¡Un asilo!

Mira al piso.

No escucharé más su voz.

Gracias a ti no sabré nada de él.

(Silencio)

Camina indignada.

Yo no esperaba esto de ti.

Parecías una niña tan buena… un poco tonta, pero buena.

Sí sí, eras buena.

Y… ¿Qué pasó? Explícame qué te pasó. Por qué ahora haces esto.

Se sienta en la cama y cruza las piernas mirando a la puerta.

Mira: si olvidamos este asunto, juro que olvidaré todo esto que has montado.

Soy tu madre y te lo puedo perdonar todo. Claro que sí. No soy un monstruo.

Piénsalo hija, las cosas pueden ir bien entre nosotras.

…y si quieres puedes traer a tu novio a casa. A mi no me importa. No creas que soy de esas viejas anticuadas, no.

Vamos que la podemos pasar muy bien. ¿Qué dices?

(Silencio)

ISABEL se levanta de la cama, toma una almohada y la lanza a la puerta.

(grita) ¡Responde joder!

ISABEL mira fijamente a la puerta.

(Silencio)

Se levanta y camina hacía la puerta, toma la almohada y la regresa a su lugar en la cama. La acomodad y la deja tal como estaba.

Ese es tu mejor talento.

Deberías dedicarte a eso.

Ser abogada o vivir de los demás.

Toma asiento en la cama. Y mira a la puerta. Suspira.

En fin. Ahora que ya no estaremos juntas, podrías dedicarte a lo que tú quieras.

Todo por tu cuenta. Tomarás las riendas de la casa.

Tendrás que hacerte responsable de las cuentas, la limpieza, las reuniones de la comunidad, limpiar el baño, cambiar las flores marchitas del salón, limpiar el polvo de las lámparas, regar las plantas y barrer la porquería que dejan las palomas en el balcón.

(toma aire y suspira)

Ya no tengo que preocuparme por ti.

No, ahora que nadie más se preocupa por mí.

Ya no tengo por qué amargarme.

(Escuchamos: La llave de la ducha se cierra y el agua deja de caer).

ISABEL se levanta de la cama y camina hacía la ignorada silla de ruedas.

ISABEL:        

              (Titubeo)I.. Ir…

 Mira al piso. Toma asiento y con levedad sus extremidades y cuerpo van perdiendo rigidez.

              (Titubeo) Ire…

La estructura metálica de la silla se convierte en el único soporte para su endeble cuerpo. Su cuello también pierde estabilidad. Su cabeza se inclina con naturalidad.

 ISABEL:

              (Titubeo) I..

(Escuchamos: La cerradora de la puerta se abre).

La puerta se abre, una nube de vapor se dispersa mientras la puerta se termina de abrir completamente.

Del baño sale IRENE(27) una figura diminuta envuelta en toallas.

Descalza cruza la habitación hasta la cama y toma una de las maletas para ponerla en el piso. Mira a su madre y se olvida de las maletas.

IRENE:

¡Oye!

¿Y tú a dónde vas?

IRENE se inclina frente a su madre y le acomoda cada pierna dentro de la estructura de la silla de ruedas.

Me quieres dejar sola en esta ciudad.

Peina a su madre con la yema de sus dedos. Le arregla muy bien cada cabello.

Yo no sabría qué hacer sin ti.

Le acomoda la ropa a su madre. La mira.

(Silencio)

Cuánto extraño oírte decir mi nombre.

Cinco enfermeros entran en fila a la habitación. El primero lleva su uniforme de gris oscuro, el siguiente es de gris un poco más claro, así hasta el último que va completamente de blanco. Al entrar, tres se dirige a un objeto perteneciente a ISABEL e IRENE (maletas y bolso). Los otros dos, se dirigen a ISABEL e IRENE para indicarles la salida. Irene empuja la silla de su madre y se dirige fuera del escenario. Un último enfermero queda en la habitación y acomoda nuevamente el cuadro que está sobre la cama. Salen de escena.

FIN

Una respuesta a «Habitación 203»

  1. […] Leer HAB 203, escrita por Xavier Rivadeneira. […]

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